3 claves para mejorar el autocontrol

“El hombre que es dueño de sí mismo pone fin a un pesar tan fácilmente como inventa un placer. No quiero estar a merced de mis emociones. Quiero usarlas, disfrutarlas, dominarlas”. Oscar Wilde.

El autocontrol o “control de uno mismo”, de los propios impulsos y reacciones, de los comportamientos y actitudes que en diferentes ocasiones “se nos escapan de las manos”, se ve como una habilidad que muchas personas desearían tener.

Si estás a dieta y eres capaz de autocontrolarte ante situaciones relacionadas con la comida poco saludable o que esté fuera de la dieta establecida para lograr tu objetivo de perder peso, podrás decir que eres una persona con autocontrol.

Si ante una discusión familiar o en el trabajo adoptas una actitud tranquila, abierta, de escucha activa y comprensión y sin salidas de tono, también podrás decir que eres una persona con un buen autocontrol.

Sabemos que ante ciertas situaciones nuestras emociones se apoderan de nuestras acciones, y es después de una reacción cuando reflexionamos y recapacitamos si ese comportamiento ha sido o no el más adecuado. Si ha merecido la pena. Si realmente me ha ayudado a lograr mi objetivo sin dañar mi sistema de valores para conseguirlo. Si de verdad me ha servido para algo…

Impulsos, ira, malestar, ponerse a la defensiva, vulnerabilidad, rechazo, miedo, angustia, frustración… son algunos de los sentimientos y emociones más comunes cuando somos incapaces de controlarnos a nosotros mismos.

NO te culpes ni te juzgues negativamente por ello. En realidad tú no eres tu comportamiento. No eres mala persona cada vez que te comportas mal. Tampoco eres débil o incapaz. Es sólo el comportamiento lo que está caducado para el resultado deseado. Libérate del juicio y de la culpa. Y entrena la forma de controlarte a ti mismo.

¿Cómo?

Aquí tienes 3 claves que te ayudarán a definir de manera concreta y especifica los pasos que puedes dar para empezar a trabajar y a adquirir recursos de autocontrol:

1-Sé tu propio líder

A simple vista se trata de un concepto relacionado con la empresa y las personas que la dirigen, pero si tomamos como referencia en qué se basa y cuales son sus principios y características principales podemos utilizarlas para gobernarnos y controlarnos a nosotros mismos en situaciones difíciles.

El primer lugar los mejores y mas exitosos lideres adoptan componentes de la inteligencia emocional: la autoconciencia y la autorregulación o autogestión. La autoconciencia implica conocer en profundidad las emociones e impulsos de uno mismo, y abarca la concepción que tiene cada persona de sus valores y sus objetivos. Para reconocer nuestro nivel de autoconciencia debemos ser francos con nosotros mismos y autoevaluarnos de manera realista: conocer y reconocer nuestras limitaciones y puntos fuertes, nuestras capacidades y habilidades, valorándonos con sinceridad.

Y en segundo lugar, la autogestión, donde los impulsos bilógicos determinan nuestras emociones. La autorregulación es una especie de conversación interior continuada que nos libera de la prisión en la que pueden encerrarnos nuestros propios sentimientos: Es aquí donde las personas con una buena autorregulación encuentran  la forma de controlarlos y canalizarlos de forma útil y acorde al objetivo que desean alcanzar.
Por lo tanto, reflexionar, analizar y reconocer nuestras emociones en las situaciones que más habitualmente perdemos el control, los impulsos que toman protagonismo en dichas situaciones, las conductas repetitivas reconociendo cuál es nuestra responsabilidad ante ellas, son los primeros pasos que podemos dar en el camino hacia un buen autocontrol.

2-Sustituye los hábitos

Muchas veces pensamos en los malos hábitos como responsables de nuestra falta de autocontrol. Parece que son ellos los culpables de que sigamos comportándonos de una manera u otra, e incluso justificamos nuestro descontrol aludiendo consciente o inconscientemente a dichos hábitos.

Si tenemos en cuenta que los hábitos no se borran ni desaparecen (aunque sea a voluntad) entenderemos que la solución ante ellos es SUSTITUIRLOS. A nuestro cerebro no le interesa cambiar aquello que ya ha aprendido de forma repetitiva y automática sin apenas gastar energía.

Si en algún momento hemos adquirido un cierto comportamiento que nos ha sido útil, nuestro inconsciente lo fija y graba a modo de programa comportamental. La clave está en sustituirlo. Por ejemplo, si normalmente pierdo el control ante una discusión, me pongo a la defensiva, subo el tono, empleo un lenguaje dañino y despectivo porque en algún otro momento me sirvió para sentirme mejor, pero de alguna manera sé que eso no va conmigo (mis valores), que no me gusta comportarme de esa forma, que siento pena por la conducta utilizada, etc, etc, etc, entonces puedo empezar a generar y recurrir a nuevos comportamientos que me ayuden a sustituir a los habituales. Crea una lista de las situaciones en las que tu comportamiento negativo es más repetitivo y crea al lado un comportamiento sustituto, que puedas reemplazar de forma sencilla, o aquella conducta que hubieras deseado tener. Lévalo a la práctica poco a poco y de forma progresiva. Ten calma.

3- Recompénsate 

La recompensa es otro de los factores a los que no solemos prestarle demasiada atención. Y más cuando se trata de recompensarnos a nosotros mismos. Si eres capaz de recompensarte por haber detectado los comportamientos que te hacen perder el control, por los hábitos que has logrado cambiar, por los que has logrado integrar y por las acciones que te demuestran que eres capaz de autocontrolarte, lograrás darle un nueva dimensión, un nuevo sentido a aquello que deseas conseguir. Agradecerte con cariño el esfuerzo, el compromiso, la responsabilidad y la dedicación, te otorga la posibilidad de reforzar la autoestima, fortalecerte y mejorar en tu empeño por lograr ser quien desees ser.

 

 

 

 

 

No Comments

Sorry, the comment form is closed at this time.