Tiempo… al tiempo

El tiempo es un recurso limitado, escaso y efímero. Realmente no se puede gestionar, está ahí y lo único que podemos hacer con él es consumirlo. Y es un recurso no almacenable; no lo podemos guardar para más tarde. Visto así, digamos objetivamente, puede parecer que muchos hemos malgastado ese tiempo en encontrar la fórmula perfecta para aprender a gestionarlo: cursos, talleres y lecturas que muy probablemente nos han aportado ideas acerca de cómo gestionarlo, rentabilizarlo y exprimirlo al máximo. Y si eres una de estas personas, es porque efectivamente le das un valor fundamental. Te preocupa llegar a todo aquello que te interesa de la forma más efectiva posible, buscando quizá en su mejora la felicidad que en tu día a día necesitas, evitando acumular estrés, frustraciones, agotamiento y disgustos.

 

Entonces, ¿qué debes hacer para no sentir que lo estás perdiendo?; ¿cuántas de tus tareas y obligaciones consumen tu tiempo sin apenas darte cuenta?; ¿sientes que lo has aprovechado como querías? ¿O simplemente te acuestas pensando que has pasado un día más? ¿Que has hecho muchas cosas pero pocas o ninguna te han aportado un verdadero bienestar?

 

La GRAN pregunta es: ¿Qué valor real tiene para ti el tiempo?

Es en este caso, desde una perspectiva más subjetiva, donde debemos parar y reflexionar acerca de cómo lo vemos, cómo lo vivimos y cómo lo sentimos.

 

Hay una clase de ladrón al que la ley deja impune, y que roba lo que es más valioso para el hombre: EL TIEMPO”. Napoleón I.

 

Esta máxima puede reflejar lo que hoy en día personas como Cosima Dannoritze nos muestra en su documenta Ladrones de tiempo (Docs Barcelona).

Pasamos mucho tiempo en el trabajo, y las empresas, los poderes, se dan cuentan de que el tiempo del trabajador es un recurso jugoso. El precio en este caso lo paga el propio trabajador, hasta el punto de acabar asfixiado y deprimido. Esto está conduciendo hacia un burn-out (entendido como la sobreadaptación al exceso de trabajo) generalizado, con el que se está desapropiando a los ciudadanos del poder que tienen sobre su tiempo y, por ende, de su vida.

 

No es de extrañar que el enfoque hacia los objetivos, hacia la producción excesiva, hacia las estrategias de las empresas, potencie este recurso limitado en pro de la máxima monetización, Y, sin duda, esta situación conduce a que la voracidad del tiempo conquiste igualmente las vidas personales.

 

Cuanto más haces, mas y mejor persona eres; MÁS efectiva, MÁS competente, MÁS profesional…

Y lo primero que debemos hacer es tomar conciencia.

 

Al otro lado, muchas otras empresas se han dado cuenta de que cuidar esta parte tan importante y fundamental de sus trabajadores les proporciona una mayor productividad y una optimización de sus resultados. Son empresas que invierten en el desarrollo personal y profesional de sus empleados con la finalidad de hacer que sus labores sean reconocidas, apoyándoles en iniciativas y creando un verdadero ambiente de responsabilidad personal sobre sus tareas, Generan así una mayor autoconfianza y los trabajadores sienten la libertad de desarrollar sus funciones sin tensiones, sin agravios y sin condicionamientos, pudiendo, de esta manera, ser más eficientes y eficaces. Y por consiguiente, más dueños de su tiempo. ¿Para qué? Para dedicárselo a aquello que les haga felices. Tiempo libre para disfrutar, ejercitarse, estar con la familia, con los amigos, o en silencio y en soledad. Tiempo en definitiva para mucho más. Para todo aquello que les pueda aportar tranquilidad y felicidad.

 

Si no podemos parar el tiempo, hagamos de él un recurso lleno de todo aquello que nos haga sentirnos

satisfechos

 

“Y el tiempo le dijo al tiempo: ¿cuánto tiempo el tiempo tiene? Y el tiempo le contestó al tiempo: el tiempo tiene cuanto tiempo el tiempo tiene”.

 

Y es que tiempo no hay más que uno: El tuyo.

No Comments

Sorry, the comment form is closed at this time.

X