Cómo cambiar hábitos para mejorar el estrés

Cambiar hábitos no es tarea sencilla. De hecho, los hábitos no se borran ni desaparecen (aunque sea a voluntad) sino que SE SUSTITUYEN. Cuando tenemos claro que un hábito no es saludable y queremos cambiarlo, todo el esfuerzo debe ser comprendido como una sustitución. Y ¿por qué? Porque los hábitos se almacenan en su mayoría en una zona profunda del cerebro: eL cerebro reptiliano o instintivo.  Y esta parte del cerebro tiene como función principal economizar el gasto de energía y velar por nuestra supervivencia. Por lo tanto, no le interesa demasiado cambiar aquello que ya ha aprendido y que puede realizar de manera repetitiva y automática sin apenas gastar energía, y que además le proporciona una recompensa.

Los hábitos quedan almacenados en nuestro inconsciente. Si el inconsciente se ha servido de algo que, mal que bien, ha funcionado, y lo cataloga como de “utilidad” acaba fijándolo, y queda grabado a modo de programa mental o comportamental.

No hay que olvidar que muchos de nuestros hábitos  tienen un componente emocional (almacenados en nuestro  cerebro emocional o límbico) que en muchas ocasiones envía pensamientos desmotivantes.

Por aportar algunos datos:

-Los seres humanos tenemos entre 60.000 y 70.000 pensamientos diarios.

-El 80% de estos pensamientos son repetitivos, negativos, inútiles, y tienen que ver con el pasado o el futuro.

-El cerebro supone sólo el 2% de la masa corporal, pero gasta un 20% de glucosa (energía) y un 25% de oxígeno.

Y esta es la razón por la que llevar a cabo un cambio que implique salir de la zona de confort ofrece tanta resistencia.

La buena noticia es que cada vez que el inconsciente acepta cambiar un hábito o una creencia, da un paso más a favor de la flexibilidad, abriendo un abanico de posibilidades y opciones y facilitando la sustitución de hábitos no saludables por hábitos saludables.

Pues bien, una vez entendido a grosso modo el funcionamiento de nuestro cerebro respecto a los hábitos y los cambios, vamos a pasar a la acción: cambiar hábitos no saludables para mejorar nuestro estrés:

-Lo primero y más importante es saber exactamente qué habito quiero cambiar. Respecto al estrés existen multitud de hábitos, aunque es cierto que a un nivel más subjetivo en cuanto a su impacto personal.

Medita a conciencia cuál o cuáles de tus hábitos pueden estar causándote mayor estrés, apúntalos y comienza a trabajar sobre ellos de la siguiente manera:

1/Una vez detectado el habito que quieres cambiar, detecta las señales que te llevan a ejecutarlo de manera rutinaria e inconsciente. Por ejemplo:

-Señal: son las 9:00 y llego tarde (otra vez)

-Rutina: voy corriendo, apresurad@, asfixiad@, acelerad@…

-Recompensa: ¡pero he llegado! ¡Puf! ¡Qué alivio! Ha merecido la pena la carrerita…

Conclusión:

“Sé que esta secuencia me ha generado un estrés tremendo y siempre pienso en que debería cambiarlo, ya que ser puntual me gusta, pero no a costa de agobiarme”.

 

2/Ahora, las siguiente preguntas que debes hacerte son: ¿Qué otro hábito querría en lugar de este? ¿Qué podría conseguir con el nuevo hábito? ¿Qué beneficios obtendré cambiándolo? ¿Cuáles son mis expectativas positivas cambiando mi “mal hábito”?

3/Si ya has respondido a estas preguntas elige la SEÑAL, la RUTINA y la RECOMPENSA que obtendrías con un nuevo habito, el que tu elijas, y anótalas. Ahora, piensa en los primeros pasos que puedes dar para lograrlo: por ejemplo, levantarte un poco antes, dejar preparadas la noche anterior todas las cosas que sabes que te retrasan.

En definitiva, cambios sencillos que te supongan un éxito real, que puedas comprobar cada día.

4/Mantén presente de manera consciente tu nuevo hábito. Que esté en tu mente de forma repetida, sobre todo al principio. Para el ser humano el primer paso es el más costoso. Gasta mucha energía y, como hemos comentado antes, los hábitos son repetitivos, por lo tanto esta misma acción de repetición te ayudará a ir sustituyendo el hábito no saludable por el saludable.

5/Por ultimo y en la misma línea que el punto anterior, utiliza la visualización de las recompensas que obtendrás para anclar tu nuevo habito. Nuestro cerebro no diferencia entre realidad e imaginación. Imaginando entrenamos la mente, y por lo tanto nuestro cuerpo y nuestro cerebro estarán más predispuestos a llevar a la realidad aquello que imaginas como perfecto.

¡Mucho ánimo y apor ello!

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